Hay noticias que me sobrecogen. Que estamos esquilmando los mares es un hecho tan cierto que cada vez que voy al mercado y compro pescado me siento en cierta forma culpable por contribuir a este genocidio.
El furor por el sushi, el agotamiento de los caladeros, el peligro de extinción, los parques eólicos a pie de costa, el difícil desarrollo de una industria que gira en torno a un sistema de pesca artesanal como es la almadraba… Más allá de la lata de atún como complemento de ensalada, el atún se ha convertido en los últimos años en un producto delicatessen o gourmet con todo lo que eso conlleva. Ya le tocó este verano a la anchoa y lo próximo es la merluza.
Pensaba contaros esta semana lo que hice con esta impresionante ventresca que compré el pasado sábado en el mercado.

Pero ahora me da pudor.
Nopisto


