Vino y Música: Obsesiones y pasiones compartidas.

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Aunque alguna vez haya aparecido alguna referencia generalmente de forma tangencial no es que me haya prodigado mucho en pistoYnopisto sobre la música y el coleccionismo discográfico, las otras pasiones de quien esto suscribe. A lo largo de estos años asistiendo a catas y visitando bodegas he podido constatar la cantidad de personas provenientes del mundo de la música (especialmente disqueros y promotores) que han acabado en el mundo del vino. He participado incluso en catas de vinos y discos, y me he reencontrado con antiguos colegas de correrías musicales y no solo en España. Dándole vueltas a la idea recordé que hace años Manuel Camblor comentó el decálogo que su amigo Tony Fletcher había elaborado sobre las similitudes entre los coleccionistas de discos y los de vino. Y dándole vueltas al asunto he decidido traducirlo y adaptarlo con algunas anotaciones de mi cosecha.

No espero que lo entendáis. Y menos ahora con la crisis de la industria de la música y la progresiva desaparición de los soportes musicales. Pero no por ello voy a dejar de hablaros y practicar mis aficiones.

1-Pasión por las etiquetas
La galleta de un disco y la etiqueta de un vino son, en esencia, simples hojas de papel adheridas a un producto del que proporcionan una información. Pero en realidad son mucho más que eso. Las grandes casas de discos como Motown, Blue Note, Stiff o Elenco tienen unos logos distintivos que actúan como marchamo de calidad que animan a los coleccionistas a comprar cualquier disco que posea alguno de esos distintivos. Con los vinos ocurre exactamente lo mismo. Cualquier loco del vino es capaz de identificar una botella del Domaine de la Romanee Conti, de Guigal o del Equipo Navazos de entre la infinita pléyade de botellas que pueblan los anaqueles de una tienda de vinos.

2-Pasión por los productores
Del mismo modo que los melómanos se podrían pasar horas debatiendo las tácticas y técnicas del muro de sonido de Phil Spector o la brillantez que conseguía Rudy Van Gelder los enómanos rápidamente superan la etiqueta y la añada para hablar del enólogo o la escuela que hay detrás de cada botella. De hecho, Mariano García o Michel Rolland son tanto o más autores de sus vinos que las propias uvas o el terruño del que proceden. Los productores de vinos más fanáticos son capaces de arriesgarse hasta límites insospechados; una botella de recién abierta de La Coulee de Serrant de Nicolas Joly puede ser tan desconcertante como la última producción de Ibon Errazkin. Difíciles de disfrutar recién salidas, pero altamente gratificantes si se dejan reposar durante una década.

3-Elitismo.
Hay que admitirlo, una de las razones por las que empezamos a coleccionar cromos, comics, sellos, discos o vino es para poder decir a tus amigos “Yo tengo este y tú no”. La Sensación de superioridad es un instinto natural humano (bueno, masculino) y es inútil combatirlo. Y no hay un solo coleccionista de discos que no se haya comprado algo porque tiene un número limitado de copias escrito en la solapa. Lo mismo que los coleccionistas de vino son unos fanáticos de las producciones limitadas.

4-Conocimiento de causa.
Mola tener un disco raro de un buen grupo, pero mola mucho más tener un buen disco raro de una Buena banda. Del mismo modo una cosa es tener una botella rara de un buen productor, pero es mucho mejor si encima esa botella es de una buena añada. Así, tener los discos de instrumentales de James Brown en Smash está bien, pero es mucho mejor tener una copia del single original mono del Night Train, que además es un clásico.
De la misma forma que está bien tener todas las ediciones de La Bota De… del equipo Navazos, pero mola más tener todas las Botas No.

5-Invertir en la propia obsesión.
Más de un coleccionista se ha gastado el dinero de la hipoteca en esa copia original de Pedro Ruy Blas y Dolores creyendo que siempre la podría revender por un pastón. Lo mismo que los coleccionistas de vino se obsesionan almacenando cajas de vino hasta su momento óptimo de consumo con la convicción de que lo podrán revender más adelante obteniendo pingues beneficios, aunque en el fondo sepan que ganarían mucho más si lo invirtiesen en bonos del tesoro. Además envejecer vino requiere buenas condiciones de almacenamiento que hace que se encarezca a más del doble la inversión por no contar el trabajo, estudio y paciencia que hace falta. Pero lo que hace subir la adrenalina ludópata de los coleccionistas es la certeza de apostar por un caballo ganador. Aunque la parte mala es que a veces estás pagando demasiado por tu hobby.

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6-El encanto de un chollo.
Los coleccionistas de discos pasan fines de semana completos en mercadillos o ferias de coleccionismo así como la mitad de las vacaciones encerrados en polvorientas tiendas de segunda mano con la espera de encontrar una polvorienta, pero regalada, copia del disco de Vainica Doble en Opalo. Del mismo modo los locos del vino recorren todas las bodegas de los más remotos pueblos para ver si encuentran alguna botella bien conservada de Marqués de Riscal Cuvée Médoc. Además los enómanos saben que hay cientos de grandes vinos que cuestan menos 10€. Cuando veo alguno de estos por debajo de su precio me cuesta no llevarme todas la existencias, aunque sea para regalarlas a los familias y que me den sirvan algo bebible cuando voy a comer a sus casas.

7-Prestar demasiada atención a los críticos.
Si piensas que los fans de la música prestan mucha atención a las críticas de discos es porque no conoces el mundo del vino. Existen muchas menos publicaciones q en el mundo de la música lo que hace que los pocos que hay tengan muchísimo poder. Una buena crítica del Wine Advocate o del Wine Spectator no solo hace que los lectores vayan corriendo a las tiendas, sino que hace que los precios suban, e incluso en los anaqueles aparezcan las dichosas etiquetas de 98 Puntos Parker. Lo curioso es que en ambos mundillos los aficionados presumen de no escuchar a los prescriptores mientras que en los foros cibernéticos revelan justamente lo contrario.

8-La necesidad de accesorios.
Lo melómanos se gastan auténticas fortunas en agujas, amplificadores, pantallas de sonido, cables de altavoces e incluso estanterías a medida para guardar los discos. Del mismo modo que los aficionados al vino compran neveras de temperatura y humedad controlada, cuando no se construyen su propia bodega, copas de imposibles formas para cada variedad de uva o innumerables sacacorchos y decantadores.

9-La tentación de acumular.
Conozco a más de un coleccionista de discográfico que se ha comprado una copia perfecta y sellada de algún clásico. ¿Creéis que lo va a abrir y escuchar? No, eso devaluaría el disco. Con el vino es mucho peor. Existen millonarios que gastan fortunas en subastas de fantásticos vinos de origen certificado solo para guardarlos unos años y después revenderlos obteniendo su consiguiente beneficio. Estos acaparadores pertenecen a la misma calaña que los reventas de entradas o los especuladores inmobiliarios y como tales deben ser tratados con el mismo desdén.

Afortunadamente hay suficientes personas que aman su hobby por lo que es y lo que más les satisface es compartirlo.

10-El placer hedonista de la emoción.
No hay nada en el mundo como poner todos tus sentidos en algo bello. Aunque lo que apetezca sea escuhar algo ligero o beber un vino sencillo o abrir una gran botella suficientemente madura y escuchar un clásico, la música y el vino no solo tocan la fibra como pocas cosas en este mundo, sino que juntas hacen la pareja perfecta.

…Y una más de mi cosecha.

11-El placer de hablar de ello.

Probablemente me haya pasado más de media vida encerrado en tiendas de discos o en vinotecas discutiendo con el disquero o el sumiller sobre música y/o vinos. Por no hablar de las veladas en casas de amigos alrededor de innumerables botellas y montañas de vinilos. Solo por esos momentos merece la pena tener una obsesión.

Nopisto obsesivo.

Nota: antes de escribir este artículo me puse en contactro con Tony Fletcher para solicitar su permiso para reproducir su artículo, aunque no obtuve respuesta alguna.

5 thoughts on “Vino y Música: Obsesiones y pasiones compartidas.

  1. Yo uno la pasión por los discos y los vinos a la de los libros. La ventaja de la de los vinos es que si necesitas espacio te los bebes. Pero si te los bebes, los pierdes físicamente, aunque los ganas en el recuerdo.

  2. Bonita foto que acompaña bien a una bonita reflexión! Aunque es cierto que la música cambia (algo) en función del entorno, el vino es prácticamente irrepetible (salvo grandes tiradas comerciales)

  3. Pero todo esto te lo va dando la edad, no? Es como si la vida quisiera darte a cambio algo por lo que se está llevando a través de los años.
    Mi impaciencia me incapacita para coleccionar, pero donde antes veía un cementerio de vinos, ahora beso por donde pisa el propietario del sarcófago. En la música tengo a mis clásicos pero basándome en los principios del punto 3, busco a nuevos valores para decirle a los demás que yo los descubrí antes que ellos -da un gustito …-

  4. Creo que en el mundo del vino también se han instalado las tendencias. Las modas a corto plazo. También se valora lo diferente. Así que quizá como sucede en la gastronomía en general hay mucho paralelismo con lam oda.

  5. QUERIDO ALQUIMISTA SE TE ECHA DE MENOS EN ESTAS LIDES DE ESCRIBIR CON TALENTO ,VENGA QUE YA ES HORA DE QUE NOS HAGAS UN SITITO AUNQUE PEQUEÑO ,ENTENDIENDO DE ANTEMANO QUE LA VIDA ES COMPLICADA Y SI NO NOS LA COMPLICAMOS NOSOTROS AUNQUE A VECES NO VALGA LA PENA ,EN FIN HABER SI TE PONES LAS PILAS Y NOS CUENTAS MUCHAS COSAS QUE EN TU CABECITA JOVEN ENCIERRAS UNA VEZ MAS GRACIAS SEGUIREMOS POR AQUI.

    LA COCINERA.

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