Urta a la Roteña

“Hoy no hay cabracho” comentaba lacónicamente el pescadero mientras yo me maldecía por haber madrugado un sábado para llegar pronto a la pescadería ¡Con el antojo de cabracho que tenía!

Urta 21¿Y que hago? me dije mientras observaba como unos oscuros ojos me acechaban desde el puesto. No tuve más remedio que darme la vuelta para ver como dos preciosas urtas me miraban pidiéndome por favor que adoptase alguna y me la llevase a casa. Como de todos es sabido, soy débil y no pude resistirme a la tentación de adoptar una de esas preciosidades sureñas esperando que cuando llegase a casa a B no le diese un ataque de celos y nos pusiese a los dos de patitas en la calle.

Tras consultar los recetarios decidí aplicar la clásica fórmula de la roteña que se aplica a los pescados de la bahía de Cádiz y siguiendo la receta de El Faro del Puerto procedimos a engalanar a la guapa andaluza que habíamos adoptado.

Tras escaldar un minuto un tomate en agua caliente lo pelé y troceé en juliana. Por otro lado elaboré el clásico sofrito,con un diente de ajo cortado en láminas junto con la cebolla y el tomate para, una a vez hecho, añadir dos pimientos, uno rojo y otro verde. Tras colocar los filetes de urta en la sartén los salteé con un poquito de aceite por ambos lados para ponerlos después sobre una cama de patatas panadera en una fuente de horno e incorporar una copita de fino de Jerez, yo le soy muy fiel a La Ina. Por último los recubrí con el sofrito y los introduje en el horno unos minutos (bastantes ya que aquello no se hacía ni a la de trés). Para al final sacar estas bellezas que devoramos con fruición.

Roteña 3

Nopisto

 

Los Boquerones de La Tierruca

Tierruca

Uno de los primeros recuerdos gastronómicos que tengo es el de este pequeño agujero en la pared de la madrileña calle de Díaz Porlier donde los domingos por la mañana devorábamos boquerones adobados ante el asombro de mi padre indignado porque el precio de la caña de cerveza había subido a 12 pesetas.

Boquerones 1 Han pasado 30 años y siempre que vuelvo a La Tierruca me acuerdo de esta anécdota y soy yo el que me alarmo al comprobar que ya está a 1.10€, y aunque la vida sigue subiendo los boquerones adobados que aquí sirven siguen estando tan buenos como siempre, con su grueso rebozado de harinas mezcladas y fritas en freidora a la vista de los clientes.

Aunque Resti, el original propietario de inolvidable bigote y grasiento peluquín, hace tiempo que nos dejó, son sus hijos los que mantienen con su peculiar humor el espíritu idiosincrático de este garito guardián de las esencias colchoneras en una de las zonas más nobles de Madrid. Con su pequeña barra siempre atestada de atribulados parroquianos que esperan impacientes que salga de la freidora la siguiente remesa de boquerones.

Y si los boquerones son imprescindibles tampoco hay que olvidarse de las patatas bravas, de clásico estilo madrileño, con la patata cocida en aceite y la salsa de potente y apimentonado sabor.

Uno de los pocos y baratos placeres que siguen inmutables al cabo de treinta años, y que dure.

Nopisto

La Tierruca.
Gral. Díaz Porlier, 55
Madrid

 

Albóndigas de ternera

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Las albóndigas son una de esas elaboraciones que entran en la categoría del “comfort food”, que uno identifica fácilmente, que gustan a casi todo el mundo y que no desagradan a casi nadie. Hay cientos de preparaciones, cada una con sus truquitos, y los resultados finales son similares a los de las tortillas o las croquetas: no hay dos iguales.

La receta que yo sigo es la del libro de Marzella Hazan que ya hemos citado repetidamente. Se requieren, para 6-8 personas, un kilo de carne de ternera picada dos veces, media cebolla, tres rebanadas de pan blanco, una tacita de leche, un huevo, pan rallado y dos botes de 750 gramos de tomate entero pelado al natural.

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Comenzaremos por poner las rebanadas de pan blanco en una sartén con la leche y dejar que, a fuego medio-bajo, el pan absorba la leche. Machacaremos el pan con un tenedor o espátula de madera y se lo añadiremos a la carne picada, que habremos mezclado con la cebolla (picada lo más finamente posible). Salpimentaremos y le añadiremos un huevo batido, mezclándolo todo con las manos hasta obtener una masa homogénea.

Iremos tomando porciones de esta masa con las manos y haciendo bolas que empanaremos muy ligeramente y freiremos suavemente en aceite de oliva.

Mientras tanto, en una sartén bien grande o en una olla de buen tamaño, pondremos un buen chorro de aceite de oliva y añadiremos el contenido de dos botes de tomate entero pelado (por ejemplo, los de la anotación anterior) al natural, que habremos troceado groseramente y que dejaremos freir muy suavemente durante cinco minutos, momento en que añadiremos las albóndigas ya fritas. Dejaremos que todo cueza a fuego bajo durante un periodo que irá de veinte minutos (si nos gustan las albóndigas aún rosadas en el interior) a los 45 minutos si queremos una salsita un poco más ligada y una carne más hecha (y lógicamente más seca).

Yo las sirvo con arroz blanco o con puré de patata. Es una preparación que mejora de un día para otro y que, además, congela muy bien.

pisto.

 

Tomates Monjardín

Tomates Monjardín

En nuestra búsqueda de productos de calidad, la mayor parte de los días no nos encontramos nada que merezca la pena. Y, sin embargo, hay un montón de productos esperándonos en las estanterías. Como estos tomates ecológicos, envasados enteros y pelados por una marca de renombre como es El Navarrico (según parece, usan la marca comercial “El Navarrico” para productos con Denominación de Origen y la marca “Monjardín” para productos con certificado ecológico.

Tomates MonjardínLo que más me gusta de estos tomates es su grado de madurez. Donde otras marcas ofrecen tomates con mucho “verde”, estos de Monjardín son rojos y maduros de cabo a rabo, y además son bastante dulces.

La foto de la derecha muestra ese rojo subido. Son perfectos para hacer una buena salsa en apenas unos minutos. Otro de esos productos que entran a formar parte de un fondo de despensa. ¿El coste? Aproximadamente 1,7 euros el bote de 750 gramos.

 

Croquetas de pollo y verduras

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Ya lo decía en aquel meme de los diez alimentos favoritos, las croquetas me chiflan. De hecho, hay una interesante teoría respecto a las croquetas como medidor de la calidad de la cocina de un restaurante. Ya saben, los ingredientes son baratos, la tecnología es sencilla, y en lo único en que es intensivo el proceso de elaboración es en trabajo y mimo. Los restaurantes que no están dispuestos a dedicar tiempo y esfuerzo en hacer buenas croquetas, ¿por qué lo iban a estar en una carne o un pescado?.

Vamos al grano. Con las sobras de un pollo asado (en concreto una pechuga) y la guarnición de verduras de una anotación de días atrás, todo ello bien picadito y rehogado en mantequilla en una cacerola con un poquito de la salsita del pollo, hicimos una bechamel añadiendo un par de cucharadas soperas de harina (bien colmadas) hasta conseguir un roux (esa pasta cremosa de color caramelo) sin grumos. Para croquetas, evidentemente, el roux debe ser más compacto que para una bechamel que se va a usar como salsa. Añadimos sal (más de la que puede parecer necesaria, pues la mantequilla es dulce y el pollo asado no llevaba sal) y vamos añadiendo leche y removiendo (yo uso un batidor de varillas de los que se usan tanto en repostería). Estamos buscando una bechamel compacta, pero no un engrudo. Mucho me temo que no hay manera de acotar con precisión el proceso, pero supongo que todo el mundo sabe que si la bechamel queda muy líquida, no hay quien luego reboce y fría las croquetas, y si la dejas muy compacta, en vez de croquetas son ladrillos.

croquetas

El punto que me gusta para el interior de las croquetas lo podéis ver en la foto de la izquierda. Muy cremosas pero aún relativamente fáciles de trabajar. Sigamos con el procedimiento. Tenemos la bechamel recién hecha, la ponemos en un recipiente hondo, la tapamos con papel film y la metemos a la nevera, donde se compactará en pocas horas gracias al frío. Disponemos un plato con harina, otro con un par de huevos batidos y un tercero con pan rallado. Con una cuchara nos hacemos con una cierta cantidad de masa y les damos, con las manos, la forma preferida (alargada, redonda…). Las pasamos por harina, luego por huevo y finalmente por el pan. Al final del proceso, se supone que tendréis también empanados los dedos ;-) .

Freídlas en mucho aceite muy caliente, bajando un poco la intensidad del fogón cuando pongáis las croquetas (para evitar que se quemen al contacto con el recipiente). Yo uso un cazo pequeño en el que entran tres o cuatro croquetas grandes, porque si uso una sartén el despilfarro de aceite es enorme.

pisto.