“Hoy no hay cabracho” comentaba lacónicamente el pescadero mientras yo me maldecía por haber madrugado un sábado para llegar pronto a la pescadería ¡Con el antojo de cabracho que tenía!
¿Y que hago? me dije mientras observaba como unos oscuros ojos me acechaban desde el puesto. No tuve más remedio que darme la vuelta para ver como dos preciosas urtas me miraban pidiéndome por favor que adoptase alguna y me la llevase a casa. Como de todos es sabido, soy débil y no pude resistirme a la tentación de adoptar una de esas preciosidades sureñas esperando que cuando llegase a casa a B no le diese un ataque de celos y nos pusiese a los dos de patitas en la calle.
Tras consultar los recetarios decidí aplicar la clásica fórmula de la roteña que se aplica a los pescados de la bahía de Cádiz y siguiendo la receta de El Faro del Puerto procedimos a engalanar a la guapa andaluza que habíamos adoptado.
Tras escaldar un minuto un tomate en agua caliente lo pelé y troceé en juliana. Por otro lado elaboré el clásico sofrito,con un diente de ajo cortado en láminas junto con la cebolla y el tomate para, una a vez hecho, añadir dos pimientos, uno rojo y otro verde. Tras colocar los filetes de urta en la sartén los salteé con un poquito de aceite por ambos lados para ponerlos después sobre una cama de patatas panadera en una fuente de horno e incorporar una copita de fino de Jerez, yo le soy muy fiel a La Ina. Por último los recubrí con el sofrito y los introduje en el horno unos minutos (bastantes ya que aquello no se hacía ni a la de trés). Para al final sacar estas bellezas que devoramos con fruición.
Nopisto








