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Le Bistro du Sommelier (Burdeos)
Le Bistro du Sommelier es un restaurante, aunque la mayor parte de los clientes no van tanto a comer como a beber. En estos tiempos de crisis y de precios exorbitantes en los grandes vinos de Burdeos, este restaurante bordelés es como un oasis en el desierto.
Ya son casi diez años de mi primera visita y el concepto permanece intacto. Menú a precio fijo bastante asequible (entre 25 y 35 euros) y carta de vinos en la que nunca faltan algunos de los nombres grandes de los viñedos colindantes.
Dentro del menú hay opciones interesantes para los tintos de Burdeos, como el tournedó o el chuletón, que se presenta con unas patatas fritas (como si estuviéramos en la España de los setenta) y que suele ser nuestra elección.
Pero la carta, con vinos como Leoville Las Cases 2001 (135 euros), Haut Brion 2002 (200 euros), Chateau Margaux 2002 (200 euros), así como otras 200 botellas de propiedades un poco menos famosas pero igualmente a precios inferiores a los que encontraríamos en una tienda (en concreto, al día siguiente vimos en la maravillosa L'Intendant, una botella de Haut Brion 2002 por 275 euros, en vez de los 200 en que figura en carta en el restaurante). Lástima que las copas son, al estilo francés, un poco peores de lo que nos gustaría.
Un restaurante realmente immanquable para el aficionado al Burdeos de paso por la ciudad.
pisto.
Le Bistrot du Sommelier
167 rue George Bonnac
Bordeaux, 33000, France
+33 5 56 96 71 78
¡Qué lata de vino!
La lata de vino, con un contenido de 200ml, venía de regalo con una conocida revista gastronómica española. La revista hace mención en el interior a esta nueva presentación como un formato novedoso que permite acercar el vino a nuevas situaciones de consumo. Supongo que para llevárselo de excursión, porque no me imagino que sea para que el niño se lo lleve al colegio.
En los últimos años hemos visto aparecer nuevos formatos, tanto en el aspecto de los cierres (donde el corcho de aglomerado, el corcho sintético, el de silicona, el mixto, el screwcap de Stelvin o la chapa le han ido comiendo terreno al corcho natural, como en el de los envases.
Desde que la legislación prohibió los "tonelillos" o los "grifos" que algunos establecimientos de hostelería empleaban para los vinos de chateo, han surgido los bag in box (recipientes herméticos con una bolsa retráctil dentro de una caja rígida de cartón) que permite a los bares y tabernas seguir ofreciendo un vaso de vino por setenta céntimos. Por cierto que hay quien me dice que tienen un cierto mercado entre los consumidores domésticos.
La legislación sobre seguridad vial ha traído consigo una reducción del consumo del vino en restaurantes, lo cual ha llevado a la aparición de la botella de 0,50 litros, de la que se obtienen cuatro copas, como alternativa a una comida para dos personas, donde la botella estándar de 0,75 litros puede ser demasiado si hay que coger el coche, mientras la media botella (0,375 litros) se puede quedar corta.
Ambas opciones parecen añadir valor. Y nada tengo en contra de la lata de 200ml, aunque no le encuentre sentido. Evidentemente mejora el BDP (Beneficio Directo del Producto) al disminuir el coste de almacenamiento. También permite aprovechar el espacio en los lineales de los establecimientos en régimen de autoservicio e incluso permitiría su comercialización mecanizada a través de máquinas de vending, aunque supongo que esta opción está descartada por tratarse de un producto alcohólico que, en una máquina de vending, podría ser adquirido por un menor.
Eso sí, los enochalaos coincidirán conmigo en que el mejor formato para un buen vino es el del magnum, formato que tiene la virtud de promover la amistad entre quienes lo comparten y de permitir conversaciones largas y amenas sobre lo divino y lo humano. Y eso, en los tiempos que nos toca vivir, no es cuestión baladí.
pisto
Burdeos 2007: el año del cambio
La añada 2007 fue un desastre vinícolamente hablando en muchas zonas de Francia, y probablemente la peor parada de todas fue Burdeos. A una floración precoz le siguió un verano muy frío y lluvioso que sólo se vió arreglado en parte por un septiembre seco y soleado. El resultado son vinos con aromas herbáceos, taninos verdes y huecos y cortos en boca. Un desastre, vamos.
La añada viene, además, precedida de la última cosecha del siglo (2005) y de una añada mediana (2006) en los que los precios fueron superiores a los del 2000 pues, si bien en 2005 los precios se doblaron, en 2006 se redujo apenas un 10 ó un 20% respecto al 2005 con el consiguiente incremento frente a añadas anteriores.
Pero todo esto no es especialmente nuevo y ya ha ocurrido otras veces (la añada 1997 es un ejemplo perfecto, tanto por la calidad general como por la avaricia que mostró la cadena de distribución tras dos buenas añadas como 1995 y 1996. Lo que sí es nuevo es que quien mueve hoy los hilos de la demanda mundial de vino de Burdeos (Robert Parker) acaba de abofetear a chateaux, courtiers y négociants al hacer público su boletín número 176, dedicado a los Burdeos 2005 en botella y los Burdeos 2007 en barrica.
Puntuaciones misérrimas, con algunos Premier Cru (vinos que en la añada 2006 se vendieron a 450 euros/botella en primeur) cinco puntos por debajo de lo normal y codeandose en puntuaciones con vinos cuyo precio final en una tienda será menor de 20 ó 30 euros?
Y, lo mejor de todo, no hay descripciones de los vinos, sólo las míseras puntuaciones. Nada a lo que el sistema pueda agarrarse para salvar las ventas. Ni uno de esos bonitos adjetivos que le hicieron famoso y que Robert Parker siempre defendió como más valiosos que sus notas numericas. No habrá posibilidad de enmarcación de los precios.
Por todo eso, tras siete añadas consecutivas de cierta bonanza (2001, 2002, 2004) o de avaricia desmedida (2000, 2003, 2005, 2006), llega la añada en la que veremos los stocks languidecer en los almacenes. La añada del cambio.
pisto
Información sobre los puntos Parker(ligeramente camuflada a día de publicación de la entrada), en BordOverView.

16.06.08 21:33:51, 
