Neal vs Jay

¡Cuántas cosas han pasado en la última década en lo que se refiere a la prescripción internacional de los vinos españoles!. La industria del vino estuvo muchos años soñando con que Robert Parker le dedicara su tiempo y su espacio en The Wine Advocate y tuvieron que ser algunos importadores estadounidenses (Eric Solomon, Jorge Ordóñez, etc) los que pusieron algunos de los vinos en la mesa de catas de Parker (los Prioratos del 94, por ejemplo). Y es que, por más que sean muchos los que pretendan atribuirse el mérito de haber descubierto o promocionado vinos, bodegas y regiones, el que ha tenido la verdadera capacidad de mover cajas en los mercados internacionales durante las últimas dos décadas ha sido Robert Parker.

Pero Parker se dio cuenta pronto de que el mundo del vino era inabarcable en su totalidad, y comenzó a delegar en personas de su confianza. Muchos de sus colaboradores han tenido un paso efímero por el cargo (Daniel Thomases, Pierre Rovani) pero ninguno ha sido tan polémico como Jay Miller. La llegada de Miller fue como el maná que cae del cielo para tantas bodegas españolas que encontraron en las críticas de Miller un argumento comercial importante por la respetabilidad y notoriedad que se asocian en el mundo (no tanto en España, me temo, donde el número de suscriptores a The Wine Advocate parece ser muy bajo) con Robert Parker y The Wine Advocate. Esto abrió las posibilidades de la exportación a muchas bodegas españolas que elaboraban excelentes vinos difíciles de vender en un mercado doméstico que decrece año a año. Y es que los españoles cada vez bebemos menos vino.

Por eso, tras dejar Jay Miller la responsabilidad de escribir sobre los vinos de España y asumir dicha tarea Neal Martin, algunos teníamos un interés genuino en ver qué ocurría con la primera tanda de puntuaciones del británico. Más allá de compartir su criterio, me declaro fan incondicional de la escritura de Neal Martin, a quien ya leía cuando tenía su blog Wine Journal, en especial en lo que se refiere a los perfiles de las bodegas y los vinos. Claro que, este interés puramente intelectual va mucho más allá para tantas bodegas poco conocidas que dependen de una buena dosis de “puntos Parker” para captar la atención de un mercado exterior tremendamente atomizado y muy competitivo. Tener noventaitantos puntos Parker puede significar abrir un nuevo mercado con un vino, e ir diversificando riesgos, construyendo prima de precio y generando valor añadido que, en definitiva, tanto bien le hace a nuestra balanza comercial y a nuestra economía en general.

Siempre he pensado que a las puntuaciones de Jay Miller les sobraban entre 3 y 5 puntos, y me ha resultado realmente interesante construir la grafíca que encabeza este post. Se trata de una distribución de frecuencias que recoge el porcentaje de veces que cada uno de los dos críticos (Jay y Neal) han otorgado una determinada puntuación. Los datos de Neal Martin (línea roja) corresponden al artículo recién publicado, con un total de 699 vinos de Rioja y los de Jay Miller (línea verde) de los 500 vinos de Rioja catados durante el tiempo que estuvo encargado de España.

Distribución de Frecuencias de las Notas de Rioja en The Wine Advocate

Como se puede comprobar en la gráfica, la distribución de puntos es bastante diferente, comenzando por el hecho de que Miller no publicó las notas de los vinos que obtuvieron 89 puntos o menos (seguramente por problemas de espacio), mientras Neal Martin ha publicado las notas de todos los vinos, incluso alguno que obtuvo 77 puntos. En segundo lugar, es evidente que la curva de la distribución es más plana en el caso de Neal Martin que en el caso de Jay Miller, quien tiene como nota más concedida…. un 91, con casi el 30% de los vinos, seguida de un 92, con el 25%, el 93 con un 13% y el 94 con algo más del 10%. Resumiendo…. para Jay Miller, el 81,2% de los vinos de Rioja cuyas notas se publicaron tuvieron entre 91 y 94 puntos. Una gran herramienta para las bodegas.

Ha llegado Neal Martin y la cosa parece haberse enfriado un poco. La nota más concedida por Neal es un 90 (13,9% de los vinos) seguida de un 89 (12,3%) y, en tercer lugar… un 85 (12,0% de los vinos). Es evidente que a Neal Martin le pueden ciertas notas “redondas” como 85 y 90 (dos máximos relativos en la curva de la distribución). También podemos pensar que Miller y Martin han catado añadas diferentes, aunque un análisis de las añadas catadas no arroja grandes diferencias en la práctica.

La mediana (la nota que deja el mismo número de vinos a ambos lados de la distribución) es elocuente: 92 para Miller y 89 para Neal Martin. Ahí están los tres puntos a los que hacíamos referencia con anterioridad. Es cierto que Jay Miller sólo publicó los vinos con notas a partir de 90 y Neal Martin lo hace a partir de 85, pero es que si Neal Martin fuese tan selectivo, su informe tendría apenas 300 vinos en vez de los 699 finalmente publicados.

En definitiva, la llegada de Neal Martin parece -a priori- una mala noticia para los departamentos comerciales y de exportación de las bodegas riojanas (y/ o españolas), que tendrán un trabajo un poco más arduo por delante para mantener las exportaciones confiando en que la personalidad de los vinos puedan estar por encima de las puntuaciones en los mercados abiertos durante la Era Miller. Para todos los demás, no deja de ser food for thought.

pisto.

Arte e Vino: Vocal Jazz & Champagnes Pinot Noir 2002

Aunque pueda parecer que se nos ha tragado la tierra, a tenor de la frecuencia con la que actualizamos este blog, nada más lejos de la realidad. Seguimos enfrascados en mil proyectos, muchos de ellos relacionados con la gastronomía, y alguno tan divertido como la colaboración que hemos realizado con el Padrino Weirdo con quien hemos preparado una selección conjunta para su club de vinos consistente en juntar un CD de jazz vocal con tres botellas de champagne elaborado exclusivamente con pinot noir. Toda la información la podréis encontrar en la web de Weirdo.

La parte musical ha corrido a cargo nuestro para lo que hemos grabado un CD de edición limitada titulado It Don’t Mean a Thing If It Ain’t Got That Swing, una recopilación de temas de jazz vocal elaborado para la Famgilia Tragus. La selección procede exclusivamente de los discos de mi colección, en su mayor parte ediciones originales de los 60, por lo que en ocasiones se podrá escuchar algún pequeño ruidito que en nada empaña el sonido original y que, personalmente, creo que aporta a la grabación un agradable toque vintage. El leitmotiv del disco son las versiones vocales de temas clásicos del Jazz que espero disfruten, tanto los conocedores de los originales como los neófitos para los que, al ser cantados, resultarán más accesibles.

A continuación tenéis la play list para, si no podéis acceder al disco, por lo menos poder buscar los temas por esos programas de Dios.

MILESTONES. Mark Murphy
Here we go now… Milestones, los tonos de Miles, fue la primera incursión de Miles Davies en el Jazz modal abriendo con ello un nuevo camino que culminaría con el magistral Kind of Blue. Puede que Mark Murphy sea mi cantante favorito, de ahí la abundancia de temas suyos en este disco. La elegancia con la que toma la difícil pieza de Davies y la hace suya es uno de los argumentos que refuerzan esta preferencia.

SO WHAT. Eddie Jefferson
El tema que abre el ya mencionado Kind Of Blue se transforma en todo un foot stomper de la mano del gran Eddie Jefferson quien lo adopta y lleva a su terreno como si del mismo compositor se tratase.

THE SIDEWINDER. Woody Herman and the Herd
El tema de jazz más vendido de la historia, todo un cañonazo que puso a Lee Morgan en las listas de éxitos es transformándolo en lo más parecido a una pop star dentro del jazz, lamentablemente duró poco y apenas unos años después fallecería trágicamente. WoodyHerman fue, ante todo, un hombre de orquesta, su verdadera pasión, pero también un fino instrumentista que ejerció también como cantante, en un estilo lleno de humor.

TAKE FIVE. Carmen McRae and Dave Brubeck
Han pasado 40 años y Take Five sigue tan implacable como siempre, con su fascinante ritmo pegadizo y vacilón en 5×4. Dave Brubeck siempre fue acusado de ser un grandísimo pianista, muy técnico pero falto de swing. Quizá por ello supo retomar su gran tema con la ayuda de toda una gran dama que aporta todo el swing que le falta junto con la letra que compuso Lola, la esposa de Brubeck.

DAT DERE. Oscar Brown Jr
Oscar Brown Jr, uno de los más grandes intérpretes del Jazz de los 60, toma el clásico Dat Dere de Bobby Timmons, el ahora olvidado pianista y compositor de clásicos como Moanin, y lo transforma en una entrañable conversación entre un padre y su balbuceante hijo que empieza a señalar el mundo que le rodeá ….That There (lo cogéis)

LONESOME ROAD. Pat Bowie
Uno de los más famosos stardards de los años 20 perfectamente adaptado y actualizado por la semidesconocida Pat Bowie y la inestimable ayuda del saxofonista Charles McPherson. Toda una delicatesen.

GEORGE BENSON. A Foggy Day
El joven George Benson era todo un prodigio, un fino y elegante guitarrista que además contaba con una agradable voz que le garantizaban una tan prometedora como poco lucrativa carrera, por lo que pronto decidió abandonar el jazz en beneficio del crossover más comercial. En su primer álbum realizó esta encantadora versión del clásico de Gerswing que nos transporta directamente a un paseo por el Londres más neblinoso mientras lamentamos la pérdida de encanto del museo británico. Pero tranquilos porque al final brilla el sol.

KING PLEASURE. I’m In the Mood for Love
Al contrario de la mayoría de los temas de este CD que son adaptaciones vocales de clásicos del jazz esta es la versión original del famoso Moody’s Mood for love que hiciera famoso James Moody junto a Eddie Jefferson. En este caso es King Pleasure, uno de los grandes supervivientes del jive de los 40, se acompaña de Blossom Deary para construir una de las más bellas piezas de jazz vocal jamás escritas.

NOW IS THE TIME. Eddie Jefferson
Uno de los temas más clásicos y reconocibles del Be Bop convertido en todo un homenaje a su creador Charlie Parker de la mano de Eddie Jefferson y su inseparable James Moody que, si bien no llegan a las cotas de velocidad de Bird, si que le aportan un toque más accesible para los profanos del bop.

ON THE RED CLAY. Mark Murphy
Aunque su época de apogeo fueron los 60, durante los 70 Mark Murphy siguió publicando en el pequeño sello Muse, aportando preciosas adaptaciones de algunos de los nuevos temas que grandes como Freedie Hubbard seguían componiendo ante la incomprensión del gran público que cada vez se alejaba más del Jazz.

MY FAVOURITE THINGS. Al Jarreau
Un guiño a nuestro Padrino, confeso admirador de Jarreau quien convierte una ñoñada de tema procedente del musical Sonrisas y lágrimas en un reconocible standard del mejor jazz vocal. Aunque sin llegar a los límites de originalidad de la versión que hizo el gran Coltrane.

MOONDANCE. Grady Tate
Una de las más grandes canciones de Van Morrison trasladado y sublimado al jazz más bailable y elegante por uno de los más finos estilistas del género. Inmarcesible.

THE GIRL FROM IPANEMA. Lou Rawls
Antes de saborear el éxito en Philadelphia, de la mano de los productores Gumble and Huff, Lou Rawls fue un elegante crooner que llenaba de soul y blues temas tan dispares como esta, deliciosamente chulesca, Garota de Ipanema que interpreta ante la complicidad de un público rendido a sus encantos.

THE DUCK. John Hendricks
La bossanova llegó a mediados de los 60 a los USA y se convirtió en un fenómeno del que prácticamente ningún artista pudo escapar. No todas las adaptaciones fueron grandes pero siempre había finos estilistas como John Hendricks que sabían hacer suyos y salir airosos de temas tan complejos como el vacilón O Pato originario de Joao Gilberto.

DO IT THE HARD WAY. Chet Baker
Uno de los temas más reconocibles de la faceta más comercial de Chet Baker en la que si bien no brillaba tanto como en la de trompetista, su limitada voz poseía una personalidad y encanto que convertía un defecto en virtud.

FEELING GOOD. Frank Cunimondo Trio feat Lynn Marino
Lynn Marino es otra lánguida y meliflua cantante de voz gatuna que apenas pasó sin pena ni gloria pero que sorprendentemente convierte en algo mágico esta versión del inmortal feeling good.

SUNNY. James Brown
Poca gente conoce la faceta jazzistíca de James Brown, que en realidad es casi tán prolífica como su discografía Soul. En esta ocasión el padrino del Soul le aporta un toque funky al elegante Dee Felice Trio con la impagable aportación de Marva Whitney.

IT’S LIKE LOVE. Mark Murphy
Elegancia, swing y saveur fair se juntan en este inmortal It’s Like Love donde el genio de Murphy establece un paralelismo del primer acercamiento galante con el primer sorbo de un very lovely wine… Como para no sucumbir.

COTTON TAIL. Ella Fitzgerald and Duke Ellington
La gran Ella, reina indiscutible del scatt, al final de su carrera no poseía la fuerza de los primeros tiempos, pero no había perdido un ápice de clase como demuestra en esta adaptación de un clásico de los 40 junto a su compositor, el gran Duke Ellington.

IT DON’T MEAN A THING IF YOU AIN’T GOT THAT SWING. Dianne Schuur
Una de las más avezadas discípulas de Fitzgerald retoma, transforma y triunfa con esta genial adaptación del clásico de Ellington y es que realmente no valéis nada si no habéis llegado al final de este CD sin haber agarrado el swing.

Opciones para la guarda de vinos – conservación fuera del domicilio

botellas

Todos a los que nos gusta el vino, en especial los vinos maduros, terminamos por rendirnos a la evidencia de que en nuestros apartamentos es difícil conservar nuestras botellas. Quienes viven en una vivienda unifamiliar o tienen una casa en el pueblo lo tienen más fácil, pero los apartamentos cada vez son más pequeños y si no hay espacio apenas para la ropa, como para pensar en el vino. Y eso que en nuestras ciudades no se dan los casos extremos de ciudades como Nueva York o Tokio, donde el metro cuadrado es un bien tremendamente escaso.

El vino, supongo que no hace falta explicarlo, es un alimento vivo y, como tal, susceptible de evolucionar en el tiempo. Pero por supuesto, para ello es necesario mantener unas condiciones de conservación que podríamos resumir en (1) una temperatura idealmente entre 12 y 18 grados, sin grandes variaciones intradía y (2) unas condiciones de humedad de entre el 50% y el 70%, que permitan mantener los corchos húmedos sin deteriorar las etiquetas.

Hoy en día existen armarios climatizados que replican estas condiciones, con diferentes marcas y diferentes tecnologías que van desde electrodomésticos con compresor similares a una nevera (con control de humedad) hasta sistemas carentes totalmente de vibraciones. Los precios también son variables, en función de la marca, los materiales (chapa, cristal, acero, madera). Yo estoy personalmente satisfecho con un armario de la marca Liebherr que es de los más asequibles y que, para un número moderado de botellas sin pretensiones de llegar al Siglo XXII me parece suficiente.

Pero, de un tiempo a esta parte, vengo leyendo sobre empresas que ofrecen servicios de conservación de vinos fuera del domicilio. Es tradicional en el mercado británico que los grandes compradores particulares de vinos (sobre todo de Burdeos) contratasen con su comerciante un servicio de almacenamiento “in bond” (sin pagar los impuestos de alcohol y al consumo), pensando muchas veces en la posibilidad de revenderlos en el futuro con un beneficio.

Sin embargo, de lo que quería hablar hoy es de empresas que alquilan espacios en un local perfectamente acondicionado para la conservación de vinos. Estas empresas ofrecen:

a) La posibilidad de recepcionar vinos que se compran a distancia, sin necesidad de tener que estar presente en casa durante el reparto para luego llevarlos al local.

b) Una gestión de stocks con una aplicación personalizada (estilo cellartracker a pequeña escala).

c) Condiciones de conservación monitorizadas en tiempo real, de modo que el usuario puede ver, en internet, o a través de una aplicación para su smartphone, la temperatura y humedad de su bodega en tiempo real, e incluso una webcam de su espacio.

d) Un seguro de robo, inundación, incendio de los vinos depositados.

e) Un servicio de broker por el cual se ofrecen los vinos de un usuario en el mercado (dándole al usuario la posibilidad de revender sus vinos con facilidad).

f) Un servicio de entrega a domicilio dentro de la ciudad en la que está el local.

Todos estos servicios, por supuesto, tienen un coste (que desconozco) pero que necesariamente deben cubrir la inversión en aislamiento o la energía para refrigerar y humedecer, así como las elevadas primas de seguro asociadas a vinos que, previsiblemente, serán caros.

En los Estados Unidos de América, que es donde más frecuentemente he visto este tipo de oferta, las posibilidades van desde alquilar una taquilla (locker) en la que entran 24 ó 48 botellas de vino, hasta habitaciones completas en las que pueden conservarse miles de botellas en perfectas condiciones.

Este tipo de servicios no está exento de complicaciones. Por un lado, que los coleccionistas de vino son un poco fetichistas y les gusta ver sus botellas de vez en cuando. Por otro, que el control sobre los accesos al local son críticos dado que los precios de ciertas botellas las hacen muy apetecibles para los amigos de lo ajeno, lo cual hace totalmente necesario incurrir en seguros cuyas primas son elevadas.

Algunos precios típicos para este tipo de servicios pueden ser de $2 por caja (12 botellas) y mes, así como una tasa por retirar una botella ($3) o una caja ($15). En otros casos, se trata de una cantidad por botella y mes sin tasas de entrada o retirada.

¿En qué fijarse? En que las condiciones de aislamiento sean al menos tan importantes como las de refrigeración y mantenimiento de la humedad (protege frente a caídas de la energía). Que el local disponga de generación de electricidad autónoma alternativa a la energía eléctrica (por la misma protección). Solidez financiera de quien nos presta el servicio. En tener confianza en el personal a cargo de la empresa (que no haya demasiada rotación de empleados).

pisto

Vino y Música: Obsesiones y pasiones compartidas.

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Aunque alguna vez haya aparecido alguna referencia generalmente de forma tangencial no es que me haya prodigado mucho en pistoYnopisto sobre la música y el coleccionismo discográfico, las otras pasiones de quien esto suscribe. A lo largo de estos años asistiendo a catas y visitando bodegas he podido constatar la cantidad de personas provenientes del mundo de la música (especialmente disqueros y promotores) que han acabado en el mundo del vino. He participado incluso en catas de vinos y discos, y me he reencontrado con antiguos colegas de correrías musicales y no solo en España. Dándole vueltas a la idea recordé que hace años Manuel Camblor comentó el decálogo que su amigo Tony Fletcher había elaborado sobre las similitudes entre los coleccionistas de discos y los de vino. Y dándole vueltas al asunto he decidido traducirlo y adaptarlo con algunas anotaciones de mi cosecha.

No espero que lo entendáis. Y menos ahora con la crisis de la industria de la música y la progresiva desaparición de los soportes musicales. Pero no por ello voy a dejar de hablaros y practicar mis aficiones.

1-Pasión por las etiquetas
La galleta de un disco y la etiqueta de un vino son, en esencia, simples hojas de papel adheridas a un producto del que proporcionan una información. Pero en realidad son mucho más que eso. Las grandes casas de discos como Motown, Blue Note, Stiff o Elenco tienen unos logos distintivos que actúan como marchamo de calidad que animan a los coleccionistas a comprar cualquier disco que posea alguno de esos distintivos. Con los vinos ocurre exactamente lo mismo. Cualquier loco del vino es capaz de identificar una botella del Domaine de la Romanee Conti, de Guigal o del Equipo Navazos de entre la infinita pléyade de botellas que pueblan los anaqueles de una tienda de vinos.

2-Pasión por los productores
Del mismo modo que los melómanos se podrían pasar horas debatiendo las tácticas y técnicas del muro de sonido de Phil Spector o la brillantez que conseguía Rudy Van Gelder los enómanos rápidamente superan la etiqueta y la añada para hablar del enólogo o la escuela que hay detrás de cada botella. De hecho, Mariano García o Michel Rolland son tanto o más autores de sus vinos que las propias uvas o el terruño del que proceden. Los productores de vinos más fanáticos son capaces de arriesgarse hasta límites insospechados; una botella de recién abierta de La Coulee de Serrant de Nicolas Joly puede ser tan desconcertante como la última producción de Ibon Errazkin. Difíciles de disfrutar recién salidas, pero altamente gratificantes si se dejan reposar durante una década.

3-Elitismo.
Hay que admitirlo, una de las razones por las que empezamos a coleccionar cromos, comics, sellos, discos o vino es para poder decir a tus amigos “Yo tengo este y tú no”. La Sensación de superioridad es un instinto natural humano (bueno, masculino) y es inútil combatirlo. Y no hay un solo coleccionista de discos que no se haya comprado algo porque tiene un número limitado de copias escrito en la solapa. Lo mismo que los coleccionistas de vino son unos fanáticos de las producciones limitadas.

4-Conocimiento de causa.
Mola tener un disco raro de un buen grupo, pero mola mucho más tener un buen disco raro de una Buena banda. Del mismo modo una cosa es tener una botella rara de un buen productor, pero es mucho mejor si encima esa botella es de una buena añada. Así, tener los discos de instrumentales de James Brown en Smash está bien, pero es mucho mejor tener una copia del single original mono del Night Train, que además es un clásico.
De la misma forma que está bien tener todas las ediciones de La Bota De… del equipo Navazos, pero mola más tener todas las Botas No.

5-Invertir en la propia obsesión.
Más de un coleccionista se ha gastado el dinero de la hipoteca en esa copia original de Pedro Ruy Blas y Dolores creyendo que siempre la podría revender por un pastón. Lo mismo que los coleccionistas de vino se obsesionan almacenando cajas de vino hasta su momento óptimo de consumo con la convicción de que lo podrán revender más adelante obteniendo pingues beneficios, aunque en el fondo sepan que ganarían mucho más si lo invirtiesen en bonos del tesoro. Además envejecer vino requiere buenas condiciones de almacenamiento que hace que se encarezca a más del doble la inversión por no contar el trabajo, estudio y paciencia que hace falta. Pero lo que hace subir la adrenalina ludópata de los coleccionistas es la certeza de apostar por un caballo ganador. Aunque la parte mala es que a veces estás pagando demasiado por tu hobby.

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6-El encanto de un chollo.
Los coleccionistas de discos pasan fines de semana completos en mercadillos o ferias de coleccionismo así como la mitad de las vacaciones encerrados en polvorientas tiendas de segunda mano con la espera de encontrar una polvorienta, pero regalada, copia del disco de Vainica Doble en Opalo. Del mismo modo los locos del vino recorren todas las bodegas de los más remotos pueblos para ver si encuentran alguna botella bien conservada de Marqués de Riscal Cuvée Médoc. Además los enómanos saben que hay cientos de grandes vinos que cuestan menos 10€. Cuando veo alguno de estos por debajo de su precio me cuesta no llevarme todas la existencias, aunque sea para regalarlas a los familias y que me den sirvan algo bebible cuando voy a comer a sus casas.

7-Prestar demasiada atención a los críticos.
Si piensas que los fans de la música prestan mucha atención a las críticas de discos es porque no conoces el mundo del vino. Existen muchas menos publicaciones q en el mundo de la música lo que hace que los pocos que hay tengan muchísimo poder. Una buena crítica del Wine Advocate o del Wine Spectator no solo hace que los lectores vayan corriendo a las tiendas, sino que hace que los precios suban, e incluso en los anaqueles aparezcan las dichosas etiquetas de 98 Puntos Parker. Lo curioso es que en ambos mundillos los aficionados presumen de no escuchar a los prescriptores mientras que en los foros cibernéticos revelan justamente lo contrario.

8-La necesidad de accesorios.
Lo melómanos se gastan auténticas fortunas en agujas, amplificadores, pantallas de sonido, cables de altavoces e incluso estanterías a medida para guardar los discos. Del mismo modo que los aficionados al vino compran neveras de temperatura y humedad controlada, cuando no se construyen su propia bodega, copas de imposibles formas para cada variedad de uva o innumerables sacacorchos y decantadores.

9-La tentación de acumular.
Conozco a más de un coleccionista de discográfico que se ha comprado una copia perfecta y sellada de algún clásico. ¿Creéis que lo va a abrir y escuchar? No, eso devaluaría el disco. Con el vino es mucho peor. Existen millonarios que gastan fortunas en subastas de fantásticos vinos de origen certificado solo para guardarlos unos años y después revenderlos obteniendo su consiguiente beneficio. Estos acaparadores pertenecen a la misma calaña que los reventas de entradas o los especuladores inmobiliarios y como tales deben ser tratados con el mismo desdén.

Afortunadamente hay suficientes personas que aman su hobby por lo que es y lo que más les satisface es compartirlo.

10-El placer hedonista de la emoción.
No hay nada en el mundo como poner todos tus sentidos en algo bello. Aunque lo que apetezca sea escuhar algo ligero o beber un vino sencillo o abrir una gran botella suficientemente madura y escuchar un clásico, la música y el vino no solo tocan la fibra como pocas cosas en este mundo, sino que juntas hacen la pareja perfecta.

…Y una más de mi cosecha.

11-El placer de hablar de ello.

Probablemente me haya pasado más de media vida encerrado en tiendas de discos o en vinotecas discutiendo con el disquero o el sumiller sobre música y/o vinos. Por no hablar de las veladas en casas de amigos alrededor de innumerables botellas y montañas de vinilos. Solo por esos momentos merece la pena tener una obsesión.

Nopisto obsesivo.

Nota: antes de escribir este artículo me puse en contactro con Tony Fletcher para solicitar su permiso para reproducir su artículo, aunque no obtuve respuesta alguna.

Burdeos 2010: Vive la Chine!

Saint Emilion

Después de una carísima añada 2009, ya está aquí la añada 2010 y sus primeurs (esta semana es semana de primeurs, y Burdeos debe estar lleno de compradores y periodistas, intentando averiguar con una muestra especialmente preparada para que luzca tersa y suave esta semana) si van a comprar poco, mucho o nada.

No sabemos aún si los bordeleses continuarán con la escalada de precios y lograrán sorprendernos con precios que harán parecer baratos los de los 2009, inflando la burbuja como si el material del que estuviera hecha fuera de elasticidad infinita. Los especuladores profesionales se han posicionado, al parecer, y algunos fondos de inversión buscan vinos por importe de cientos de millones de euros a comprar en una sóla operación. Tal es el potencial de los precios al alza que se les supone a los vinos. Ante la imposibilidad de adquirir esos vinos, parece ser que algún fondo prepara el desembargo en algún Chateau de postín. No se me debe olvidar decir que la práctica totalidad de esos fondos son de origen anglosajón, a quienes debemos la existencia del Burdeos (ellos se lo bebían y lo transportaban por barco a través del estuario del Gironda) y uno no puede dejar de pensar si no acabarán con él también.

Robert Parker ya ha dicho que los 2010 son tremendamente frescos y apetecibles a pesar de tener un extracto y unos taninos como no los ha visto en su vida (debe ser divertido pasarse 100 vinos así por la boca en una mañana de martes de Abril).

Sin embargo, empiezan a aparecer voces disonantes, como la de Jancis Robinson, quien en su columna en el Financial Times cuestionaba la figura de los primeurs y apelaba al resto de críticos que evaluan los vinos para esperar a la publicación de los precios antes de emitir sus juicios sobre la calidad de los vinos y así evitar que los Domaines hicieran depender los precios de las notas obtenidas (lo cual es normalmente incorrecto: las bodegas suben los precios con las buenas puntuaciones y los mantienen con puntuaciones bajas).

Michel Bettane, el respetado crítico francés, dirigió por su parte una carta abierta a Sylvie Cazes, presidenta de la Union des Grands Crus de Bordeaux (UGCB), en la que denunciaba el trato de favor recibido por ciertos críticos americanos (en especial el sin par James Suckling) para catar los vinos antes que nadie y publicar sus notas antes que los demás. Bettane aprovecha para quejarse de que las bodegas más prestigiosas no aportan los vinos a catas conjuntas, sino que requieren a los periodistas para que se desplacen a su sala de catas privada donde no se pueden establecer comparativas directas con los vinos de otras propiedades. Bettane llega al punto de afirmar que no participará en futuras semanas de primeurs de continuar estas condiciones.

Por el camino, son muchos los que opinan que la semana de los primeurs debería suceder mucho más tarde, después del verano, cuando los vinos están más hechos y se parecen más al vino que se embotellará realmente, y no son una simple muestra no del todo representativa, preparada para que en abril se pueda catar satisfactoriamente.

Pero, mientras tanto, los anglosajones siguen dominando el comercio del Burdeos (que Sylvie Cazes le haya respondido a Michel Bettane a través de Decanter, la revista británica debería darnos que pensar) y según afirman… los nuevos mercados emergentes compran a manos llenas, por lo que estas voces disonantes no son más que una gota en el océano, y da la impresión de que todo continuará igual. Con vinos a precios imposibles, y no sólo al nivel de los más grandes. Tiempos en que un humilde Cru Bourgeois del Médoc se vende a 30 euros parecen no tener en cuenta la realidad de la economía mundial. Vive la Chine!

pisto