El Chuletón de Momofuku

Chuleta Momofuku

Puede que usted, querido lector de este blog, piense que hemos desaparecido del mapa, que nos hemos peleado, metido en una secta macrobiótica o que simplemente se nos hayan pasado las ganas de bloguear. Lo cierto es que los quehaceres de la vida cotidiana apenas nos dejan tiempo para poder sentarnos tranquilamente y poder contarles alguna receta, pista gastronómica o restaurante que hayamos visitado.

Una de las grandes adquisiciones que he hecho en este tiempo ha sido el libro de Momofuku, sobre la cocina de los controvertidos restaurantes neoyorkinos de David Chang -Desgraciadamente solo disponible en inglés- Este es un compendio de las recetas que Chang elabora en sus restaurantes, pero que a diferencia de otros libros de cocina, aquí resultan todas bastante accesibles y, sobre todo, salen perfectas.

La receta que más nos ha gustado, de las que hemos hecho hasta el momento, es la del chuletón de vacuno mayor asado. Uno de esos platos que provocarán que muchos de sus amigos se echen las manos a la cabeza y empiecen a proferir improperios contra usted con comentarios del tipo “Como se te ocurre masacrar así semejante carne” y cosas por el estilo, pero lo cierto es que el resultado es magnífico y le aporta a la carne un plus de complejidad que nunca hemos conseguido con otras elaboraciones más tradicionales.
La parte principal y más difícil de este plato es la de conseguir un buen chuletón de vaca vieja bien madurado durante unas cuantas semanas. Una vez conseguido esto, lo demás ya es muy sencillo, y consiste básicamente en sazonar, dorar, asar, bañar, reposar, cortar y comer…

Aunque la idea y el proceso sea sencillo, es importante seguir bien los pasos, porque si te pasas en alguno de ellos, lo más probable es que acabes jurando en arameo por haber fastidiado una carne que te ha costado un pastón.
Por eso aquí tenéis los pasos detallados uno a uno y que si los seguís al pié de la letra os aseguro que triunfaréis y vuestros invitados os sacarán a hombros por las escaleras de casa.

Ingredientes:

- Un buen chuletón de ganado mayor, madurado durante unas cuantas semanas, de entre 900gr y 1,1kg con hueso.
- Sal gorda y pimienta molida.
- Mantequilla de la mejor calidad posible.
- Unas cuantas ramas de tomillo.
- Tres dientes de ajo.
- Un par de chalotas pequeñas.
- Sal Maldon.

Elaboración:

1- Precalentar el horno a 200º

2- Calentar a fuego vivo una sartén de fondo grueso, que sea susceptible de ser introducida posteriormente en el horno. Mientras la sartén se calienta es el momento de ir sazonando la chuleta abundantemente con sal, no te cortes y haz como cuando echan sal en tu calle para prevenir las heladas en invierno, y un poco de pimienta.

3- Cuando la sartén esté suficientemente caliente, esto es, echando humo como una caldera, deposita la chuleta encima durante un par de minutos por cada lado. No la muevas, aprietes o cometas ninguna otra estupidez con ella. Durante este tiempo la carne habrá tomado un bonito color ligeramente dorado. Cógela con unas pinzas y dora la parte de la grasa de la parte opuesta al hueso durante unos 30 segundos y vuelve a poner la pieza sobre la cara inicial que primeramente habías dorado.

4- Mete la sartén- con la carne, claro- en el horno durante ocho minutos.

5- Saca la sartén del horno y ponla sobre un fogón a fuego bajo. Añade la mantequilla, el tomillo, el ajo y las chalotas. En cuanto se derrita la mantequilla, gira la sartén en ángulo de 45º y, con una cuchara, recoge la mantequilla y ve bañando la chuleta constantemente, con la mantequilla aromatizada que se va quedando en el fondo durante unos dos minutos. Si la carne te gusta poco echa este es el momento de sacarla del fuego. Si te gusta un poco más hecha continúa con el proceso durante un minuto o dos más. Si la carne te gusta muy pasada, este no es tu plato, así que ahórrate la pasta y el resto de la receta.

6- Saca la chuleta a un plato y déjala reposar durante unos 10 minutos. ¡No la toques! Este es un buen momento para ir poniendo la mesa, abrir una botella de vino y buscar una tabla y un buen cuchillo.

7- Pasado este tiempo, pon la chuleta en una tabla, trocéala separando primero el hueso de la carne y posteriormente en filetes perpendiculares al hueso de aproximadamente un centímetro de ancho. Sirve los filetes en platos y salsea con la mezcla obtenida de juntar grasa que ha quedado en la sartén y los jugos que ha soltado la carne al cortarla sobre la tabla. Si además les ponéis unas lascas de sal Maldon la cosa ya queda de oreja y vuelta al ruedo.

Puede parecer que lo de bañar un chuletón con mantequilla y tomillo sea una herejía, pero os aseguro que la complejidad de aromas que aportan las distintas grasas junto con los jugos de la carne hacen que una suculenta chuleta de vaca adquiera una dimensión que probablemente ninguno de nosotros jamás hubiera imaginado.
Probadla y luego me lo contáis.

Por cierto, la foto no le hace justicia al plato.

Nopisto

Con tres letras… PAN

Pan

Ha llevado una semana desde que comenzó el proceso de la masa madre, siguiendo las instrucciones que se pueden ver en Robin Food.

Hay que esperar a mañana, pero hacer tu primer pan, sin más ingredientes que harina, agua, aceite y sal me ha dejado tan contento que si no lo cuento… reviento.

Mañana, la foto de la tostada. Aún estamos a tiempo de ponerle el tag del Fracaso.

ACTUALIZACIÓN A la mañana siguiente, la pinta del pan es esta:

Pan (2)

Ha salido con miga densa, ojos abundantes pero pequeños. Algo blando de corteza para lo que me gustaría, pero excelente para las tostadas mañaneras. Por supuesto, desayunar tostadas con el pan que uno ha mismo ha hecho tiene un algo de auto-realización, sobre todo si te gusta tanto el pan como a mí.

Aunque recomiendo la visualización de los vídeos de RobinFood que ya he enlazado (y volveré a enlazar en un momento), el proceso ha sido el siguiente:

1) Masa madre: elaborada con harina integral de trigo (HIT en adelante), harina blanca de trigo (HBT) y agua mineral, siguiendo el proceso descrito (en este vídeo):

    Día 1: HIT y agua, remover, tapar y dejar reposar.
    Día 2: remover, tapar y dejar reposar.
    Día 3: Tirar la mitad, añadir HIT y agua, remover, tapar y dejar reposar.
    Días 4, 5, y 6: Tirar la mitad, añadir HBT y agua, remover, tapar y dejar reposar.


2) Elaboración de la hogaza:
con el proceso descrito en este vídeo:

    2a) Refrescar la masa madre para pillarla en plena actividad (esperar 4 horas) y hacer de más.
    2b) Usar 200 gr de masa madre (guardar el resto para el futuro), 475 gr de HBT, 25 gr de HIT, 12 gr de sal y 300 gr de agua. Mezclar con las manos.
    2c) Realizar un plegado cada 15 minutos durante una hora (total 4 plegados).
    2d) Primera fermentación: 4 horas.
    2e) Realizar un plegado (por error, esperé 4 horas para hacer este plegado cuando creo que lo que sugiere el vídeo es hacerlo a mitad de la primera fermentación y no entre ambas). Esperé 1 hora más (que no está en el vídeo, pero por respetar algo de tiempo tras el plegado.
    2f) formar la hogaza.
    2g) Segunda fermentación: 2 horas.
    2h) Horno precalentado a máxima potencia, introducir la hogaza con los cortes realizados con un cuchillo. Quitar el ventilador, poner agua en una bandeja que estaba en el horno durante el precalentamiento(vapor automático)
    2i) Pulverizar un poco de agua contra las paredes del horno (a los 5 minutos de horneado)
    2j) Bajar la temperatura del horno 10 grados cada 15 minutos.
    2k) Terminar la cocción 1 hora después, con el horno a 200 grados. A los 40 minutos tapé el pan con papel de aluminio pues estaba bastante dorado.
    2l) Dejar enfriar sobre una rejilla.


No es difícil, quizá he tenido suerte con la harina (comprada en la panadería como “harina de fuerza”, sin marca comercial) con la elección de usar agua mineral (la masa madre salió bien a la primera) o con la temperatura de la cocina (importante para la velocidad de los diferentes procesos).


Sin duda, el trabajo de los panaderos ha ganado mi aprecio porque por 1,60 euros podemos comprar hogazas excelentes en mi ciudad, y la verdad es que hacer tu propio pan es laborioso. Eso sí, por 1,60 euros no compras la satisfacción de hacerlo tu mismo.


Algún enlace interesante añadido a los vídeos:

Ibán Yarza: http://tequedasacenar.com/

El foro del pan (aunque contiene tanta información que para un neófito creo que añade más confusión que otra cosa): http://www.elforodelpan.com/


pisto

Cuando mucho sabor es demasiado

Arroz seco con verduras

En la búsqueda del caldo perfecto, llevo unas semanas experimentando con diversas formas de preparar caldos y fondos. Y hoy he traspasado el umbral de lo sabroso a lo excesivo.

El caldo para el arroz de la foto de entrada lo elaboré con kilo y medio de pollo, dos puerros y dos zanahorias, todo ello bien dorado antes de cocer, añadiendo también unos huesos de jamón (a la venta en Mercadona, de la marca Incarlopsa), que doré en el horno durante 20 minutos.

Tras una hora y media de cocción en la ultrarrápida, filtré el caldo resultante, lo guardé en la nevera y al día siguiente lo desgrasé y reduje hasta el 75% del volumen inicial, para guardar en un tupperware de 1 litro.

Hoy preparé un sofrito de pimiento rojo y verde, calabacín, un diente de ajo y usé el litro de caldo para preparar un arroz seco con dos tazas de arroz. El resultado, aunque magnífico de aspecto, fue totalmente incomestible. Con un sabor que de intenso resultaba agreste y que probablemente había concentrado la sal del jamón en demasía (no había puesto más que una pizca de sal para facilitar el dorado del sofrito en la paella). Una autentica lástima, porque el color del caldo era realmente espectacular y el aspecto del arroz fráncamente magnífico.

Arroz en paella terminado

Para la próxima, probaré a poner menos huesos de jamón, o a poner los huesos en agua en la nevera durante 24 ó 48 horas con varios cambios de agua (como si de un bacalao se tratase). Concentrar menos el caldo (o diluirlo) me temo que tendría como resultado precisamente un arroz de color desvaído que es lo que lucho por evitar. En definitiva, un fracaso más, pero se aprende más de los fracasos que de los éxitos. Y en eso andamos.

pisto

Carbonara de llonganissa

Carbonara de llonganissa

Éste podría ser un post a propósito de lo difícil que es encontrar la calidad entre los productos humildes. Es decir, que se puede encontrar jamón fetén si estás dispuesto a pagarlo, pero no hay quien encuentre una humilde salchicha de gran calidad, ni pagándola.

La búsqueda de salchichas, chistorras, longanizas o chistorras varias es una sucesión de decepciones con sólo leer los ingredientes, en las que los conservantes, los colorantes y los potenciadores de sabor llenan línea tras línea de las etiquetas.

No es el caso, claro, de la mayoría de productos del Pistraques, de las que nos surte más esporádicamente de lo que me gustaría un buen amigo catalán.

Después de las butifarras blancas y negras cocidas y envasadas al vacío, que viajan bastante razonablemente (sobre todo en invierno), en el último pedido nos arriesgamos con una llonganissa fresca, ni más ni menos que una butifarra elaborada con magro y grasa de cerdo, con la sóla adición de sal y pimienta, como conservantes tradicionales. Embutida en tripa natural, fue necesaria una cierta logística en embalaje de porexpan y paquetes herméticos de hielo con lo que logramos que la llonganissa llegara en buenas condiciones a pesar de su corta fecha de caducidad (6 días). Ayer le dimos el primer tiento símplemente churruscada en la plancha, y hoy le hemos dado una vuelta y, tras freirla en el mínimo aceite, la troceamos y la devolvimos a la sartén, con cuyo calor residual cuajamos mínimamente tres huevos batidos (en realidad dos huevos y una yema). Lo mezclamos con unos enormes fusilli procedentes de la actual Feria de los Alimentos Europeos de El Corte Inglés (bastante buenos) y no hizo falta añadir pimienta pues la llonganissa ya viene alegre (es su principal conservante, como decía antes).

El resultado, fráncamente muy bueno en su deliberada heterodoxia.

pisto

Pollo alla cacciatora al estilo de Jamie Oliver

Pollo alla cacciatora

Va para un año que, curioseando la sección de gastronomía de La Casa del Libro, me tropecé con un libro de Jamie Oliver titulado: “La cocina italiana de Jamie“. La primera página por la que abrí el libro fue precisamente la de la receta del pollo alla cacciatora y hay que reconocer que todo lo que cocina el bueno de Jamie tiene una presencia impresionante, así que el libro acabó en la cesta de la compra, y de ahí a la estantería durante todo un año, hasta que ayer me decidí a darle una oportunidad.

Para dos personas, se compran dos zancas de pollo de unos 300 gramos cada una, que deben untarse con un majado de un diente de ajo, una pizca de sal gruesa (usé una sal gris de Guérande que tengo por casa pero que no creo que sea determinante), una cucharada de romero seco (la receta pide romero fresco pero…) y un poquito de perejil picado (que no incluye la receta del libro). Una vez bien adobado lo puse en una fuente, le añadí vino tinto hasta cubrir (Jamie pide usar un Chianti pero yo le puse un resto de una botella de un Borgoña tinto que había salido un poco tonta) y una hoja de laurel troceada (Jamie propone cuatro hojas de laurel, que se me antojaron excesivas), lo tapé con papel film y lo dejé marinar durante un par de horas.

Se escurre el pollo (y se reserva el líquido del marinado), se seca con papel de cocina, se enharina y se dora en una sartén con AOVE. Se reserva. Jamie Oliver propone usar ese mismo aceite para dorar un diente de ajo pero yo lo deseché porque tenía bastante residuo de harina que termina resultando bastante pesado. Así que doré un diente de ajo laminado en aceite limpio, añadí dos anchoas en aceite picadas, un puñado de aceitunas negras troceadas, reincorporé el pollo, y un bote de 460 gramos de tomate ecológico triturado (de Conservas Pedro Luis). Tras llevarlo a un breve hervor, se añade el pollo y el líquido del marinado, se pasa a una fuente de horno y, tras taparlo con papel de aluminio, se deja hora y media en el horno precalentado a 170º. Cuando faltan veinte minutos, se quita el papel de aluminio y se deja que dore un poco el guiso, lo que le da un cierto toque rústico interesante.

El resultado es muy sabroso, suave y va muy bien con arroz o con una pasta corta.

Salud,

pisto