Noega: Una cerveza de Navidad

Noega2014

Si atendemos a los datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente referentes al año 2014, España es un país consumidor de cerveza. Durante 2014, cada español consumió 18,18 litros de cerveza por término medio, cifra que contrasta con los exiguos 8,93 litros per capita en el caso del vino.

Como suele ocurrir en casi todas las categorías de producto, la gran mayoría de los casi mil millones de euros gastados en la compra de cerveza se destinan a la adquisición de cervezas industriales, en general cervezas de baja fermentación estilo lager o pilsen y un perfil más centrado en refrescar que en la intensidad o complejidad de su sabor.

Afortunadamente, en los últimos años han surgido en nuestro país una serie de pequeñas cervecerías independientes que nos dan la oportunidad de salirnos de los caminos más trillados. Todos sabemos los nombres de las cervecerías interesantes de nuestra ciudad.

Lo bonito del mundo de la cerveza es que hay una gran variedad de estilos, procedencias y, en definitiva, opciones, y que son económicamente accesibles, especialmente si lo comparamos con el mundo del vino en el que si bien hay muchos vinos interesantes a precios razonables, las referencias clásicas se han convertido en productos de lujo en vez de productos de alimentación cotidianos.

El amante de la cerveza se suele ir adentrando paulatinamente en el mundo de las cervezas de alta fermentación, o ales, mucho más intensas y complejas en general que las lager o pilsen. Las ales son el estilo tradicional de la cerveza, que fermentan a temperatura ambiente en torno a los 20 ó 25 grados y que tienen la capacidad de evolucionar positivamente una vez elaboradas y también una vez embotelladas. Las lager y las pilsen, por contra, necesitan temperaturas de fermentación en torno a los 4 ó 5 grados y, por consiguiente, son un fenómeno relativamente reciente vinculado a la disponibilidad de refrigeración industrial.

Las ales me gustan por su mayor cuerpo y sus buenos aromas a malta y me parece que conectan mejor con la materia prima de la que proceden.

Dentro de las ales, y coincidiendo con estas fechas, empiezan a llegar al mercado las cervezas de navidad, Christmas ales o Bières de Noël. Cómo será la cosa que hasta Estrella Galicia (productor de nuestra lager favorita, la 1906) acaba de lanzar una, aunque no nos ha gustado demasiado. Las cervezas de navidad son, normalmente, cervezas de alta graduación alcohólica, en torno al 9%. Esto encaja bien con los climas fríos en los que el grado ayuda a entrar en calor. En muchas ocasiones, estas cervezas incluyen ingredientes inesperados en la receta. Si una cerveza es básicamente agua, malta, lúpulo y levadura, algunas cervezas de navidad incluyen aromáticos como el regaliz, frutas como los arándanos o incluso otros ingredientes como la miel. Es muy habitual que las cervezas de navidad incluyan azúcar en la elaboración, pues así se consigue alcanzar un grado elevado al menor coste posible (el azúcar es más barato que el grano).

Sin embargo, además de estas cervezas aromatizadas, existen cervezas de navidad que podríamos llamar serias. Son cervezas robustas, con cuerpo, muy malteadas y con elevado nivel de alcohol, pensadas para entrar en calor en los supuestamente fríos días de la navidad del hemisferio norte como decíamos antes.

Es el caso de Noega, la cerveza de navidad que elaboró Damián Arana por primera vez en 2014 y que este año acaba de ver su segunda edición. Damián emplea su tiempo como jefe de sala del Restaurante el Cencerro (c/ Decano Prendes Pando 24, Gijón) y alma mater de la cervecería VOR situada enfrente del restaurante. VOR es uno de los puntos de encuentro de los cerveceros gijoneses y astures, no sólo por las cervezas que elabora Damián (la golden ale Vorágine, la IPA Avorigen y la pale ale Paralelo 43), sino también por las estratosféricas hamburguesas que se sirven en con la receta de Viviana Fleischer (chef del restaurante El Cencerro).

Cuando Damián se planteó la idea de una cerveza de navidad, tenía claro que no quería emplear azúcar y que el grado lo quería obtener a partir de la utilización de mucho grano que, durante el proceso de elaboración, generaría los azúcares necesarios para convertirse en alcohol. Hizo una primera prueba con haba tonka como ingrediente exótico pero el resultado era demasiado pesado, así que pronto se cambió el enfoque y la versión definitiva emplea cilantro como aromático principal.

La Noega de las navidades de 2014 ha dejado atrás la frutosidad y floralidad y se muestra seria y compleja. No es el caso de la Noega de 2015 que se terminó en noviembre de 2015 y a la que a nuestro juicio todavía le faltan unos meses para redondearse y perder un cierto componente de zarzaparrilla que le resta atractivo aunque puede ser muy interesante en la mesa con platillos especiados o picantes.

Me consta que Damián tiene la intención de crear una pequeña tienda online para poner a la venta sus cervezas. Por el momento, para disfrutarla habrá que pasarse por el VOR (c/ Decano Prendes Pando 29, Gijón) o por Yakitoro (c/ La Reina 41, Madrid) donde pienso que maridará estupendamente con las brochetas y platillos que Alberto Chicote ejecuta con maestría en las parrillas de carbón a la vista en el restaurante.

Salud,

pisto

Lechazo Asado

Lechazo

Hay cosas que de puro simples nos parecen tan obvias que nunca habíamos parado en la cuenta de contarlas y dejarlas por aquí escritas para la posteridad. Por eso, ayer mientras asábamos un lechazo en horno caí en la cuenta de que nunca habíamos publicado la receta, así que aquí la tenéis tal y como nos la pasó nuestro amigo sipisto, transcrita de su puño y letra:

Se pilla un cuarto de cordero lechal -Ojo, aquí la materia prima es fundamental, no os la juguéis con otro tipo de corderos- Armado con una brocha, se le da aceite por todas partes de forma que no quede esquina sin aceite. Después, se le da sal por todas partes de forma que no quede esquina sin sal. Generosidad con ambos. El horno lo habremos puesto a 150-170º antes de empezar el proceso. Se coge una fuente profunda –yo lo hago en una de éstas de pírex–, se coloca el cordero con la piel hacia arriba en ella y se le echa un vaso y medio de agua en el fondo. Una hora por ese lado, decidimos si echar un poco más de agua, otra hora por el otro, y tras las dos horas, subimos el horno a 250º con ventilador y lo tenemos unos 15′ por cada lado, rociando la piel con la salsita en el último giro. Si habéis seguido las instrucciones, acabaréis en el último tramo con la piel hacia arriba y oiréis un glorioso crick-crick al final del proceso que nos indicará que la piel ha quedado tostadita.

Los puristas, se lo tomarán tal cual. Los no tan puristas, deshojarán algo de tomillo inmediatamente antes de servirlo.

Y ya está, así de fácil y así de rico.

Nopisto

La hamburguesa es lo de menos

Cartel Dani García

Algo deben estar haciendo bien Ronald McDonald y sus colegas, porque con su última McExtreme Bibo han logrado escandalizar a media blogosfera, y en especial a los más foodies. Vaya por delante que no pertenezco a la categoría de los consumidores compulsivos de Big Macs o Cuartos de Libra, pero tampoco pienso que sean peores que Satanás, ni siquiera desde un punto de vista nutricional. Al menos en un país que tiene a la fabada, los chicharrones o las migas manchegas como baluartes de la cocina tradicional.

Olvidémonos por un momento de la batalla nutricional, que ya sé que la tengo perdida, y pensemos en todos esos gastrobares españoles que han visto en la hamburguesa un camino a seguir y han empezado a servir esas atrocidades a 12 ó 15 euros bajo la idea de que la hamburguesa está de moda como antes lo estuvieron la ensaladilla, y primero las vieiras y las carrilleras. Al fin un plato barato al que añadir cebolla frita crujiente y un trozo de infame queso industrial, sea rulo de cabra o atufante brie y subirle el precio (el valor añadido, que se dice), hasta cifras con las que sobrevivir al invierno de la crisis. Que sí, que en los bares y gastrobares de nuestro país se come más o menos bien, pero ya no se come barato ni de coña, y en cuanto hayan logrado el hartazgo del comensal por la vía de la hamburguesa hipertrofiada,  buscarán otra cosa y a facturar que son dos días.  Esperen a que se ponga de moda el sandwich mixto (que en Barcelona llaman bikini y ya cuesta el doble) y verás qué risas mientras le dan a la caja registradora.

Sí, hay algunas buenas hamburguesas por ahí. Pero la mayor parte son vulgares. Y, en estas, llega McDonalds, que debe ser el top of mind para el deseo “hamburguesa” y se marca una de sus novedades periódicas: La Grand McExtreme Bibo. Digo “periódicas” porque la cosa no es nueva. Antes de la Bibo tuvimos la Grand McExtreme TopChef, y antes la Canadiense, Brasileña, Mexicana… diversas variantes de hamburguesa de vida efímera que nunca entran a formar parte de la Colección Permanente de Chez McDonalds. Ahí sólo están la Big Mac, el Cuarto de Libra, la McRoyal, el McPollo, el Filete de Pescado. Sin contar la hamburguesa sencilla o la con queso de toda la vida, que las ves al lado de la Bibo y son como hamburguesas de juguete, las pobres.

Hay quien dice que la Bibo es buena. La mayor parte dicen que es mala. Muchos la comparan con las hamburguesas de la colección permanente de McDonalds y la encuentran mejor, además de declararle su amor a Dani García antes de darle un palo (que ya hay que ser cursi y traidor). Otros dicen que el bollo es original y nos ilustran con su origen austrohúngaro. Y hay quien opina que a Dani García no han debido dejarle hacer lo que él hubiera querido, o que los procesos industriales de McDonalds no permiten según qué cosas, como que la carne resulte jugosa.

Todo ello posiblemente cierto. Como también lo es que a Dani García lo han acusado de vendido al capital y de traicionar la alta gastronomía, como si una colaboración con una empresa de la talla de McDonalds no pudiera ser una oportunidad de aprender y mejorar hasta para un cocinero del nivel de Dani García, aunque sea en el plano de la organización y la gestión, sin contar con la popularización de la marca Bibo, que le pertenece.

Pero, vayamos al grano. ¿Es posible mejorar un Big Mac o un McRoyal? Creo que es muy complicado si se han de mantener los parámetros del proceso productivo de una cadena, donde todo ingrediente debe llegar en unas ciertas condiciones, ser procesado en un protocolo totalmente definido en cantidades, tiempos y temperaturas. No perdamos de vista que las hamburguesas permanentes de McDonalds son el resultado de una evolución de recetas más o menos originales que han sido testadas infinidad de veces, y adaptadas sutilmente a las particularidades locales en algunos casos. La investigación de mercados manda y posiblemente las hamburguesas normales del McDonalds ya están en el 99% de lo que se puede conseguir. Personalmente, tras haberla probado, la Bibo me ha parecido demasiado grande, el bollo no me ha gustado nada por demasiado grasiento y la salsa me ha parecido una salsurria achampiñonada que no me ha aportado nada. La comes, y la olvidas. Desde luego, bastante peor desde un punto de vista gustativo que un McRoyal.

Así que, ¿para qué? Probablemente para tener algo que ofrecer a los buscadores de variedad, a los que necesitan una excusa en forma de novedad para entrar en un McDonalds. También, para poder hacer publicidad que aporte algo más que saturación. Al fin y al cabo, una empresa como McDonalds, cuyos productos ya son conocidos y que tiene una imagen global, tiene pocas cosas que comunicar que no sean ya sabidas, por lo que su publicidad corre el riesgo de aburrir, de no ser memorable y, en definitiva, de ser poco eficaz. Pero comunicar una novedad… eso es mucho más interesante. Ya no es “otro anuncio más del McDonalds de siempre” sino un “hola, soy McDonalds y tengo algo nuevo que ofrecerte”. Y, como el homo sapiens consumensis se pirra por las novedades, pues los anuncios atraen, generan intriga, se recuerdan, atraen más veces al punto de venta a los clientes habituales y hacen entrar a quienes normalmente no entrarían. Y, cuando no lo hacen, al menos han reforzado la familiaridad de la marca.

Y todo eso es bueno para McDonalds y sus accionistas, es bueno para los consumidores que buscan variedad, es bueno para Dani García que algo habrá aprendido, y es bueno para el homo sapiens bloguiensis porque nos da la oportunidad de opinar.

Salud,

pisto
quien había pensado en tuit pero es más de soltar rollos.

Les Recettes Originales de… Robert Laffont

Imagen Cortesía de Matthew Kirkley

Hubo una época en que los libros de cocina no estaban llenos de fotos ni las recetas procelosamente explicadas hasta el más mínimo detalle. Era la época en la que los grandes cocineros ni siquiera compartían sus recetas y existía un cierto secretismo alrededor de ellas. Para conocer el trabajo de estos chefs había que visitar el restaurante en cuestión y no era tarea fácil acceder a muchos de ellos.

Todo esto cambió con la aparición de los libros de Robert Laffont, el visionario editor francés quien, bajo la dirección del famoso crítico gastronómico Claude Lebey, publicó entre 1976 y 1992 la colección “Les Recettes Originales de….” En la que a lo largo de los años fueron apareciendo todos los grandes nombres de la Nouvelle Cuisine francesa: Alain Chapel, Jean Bardet , Georges Blanc, Jacques Le Divellec , Michel y Jean Michel Lorain, Jacques Maximin , Joël Robuchon…  e incluso algunos extranjeros como Fredi Girardet, Gualterio Marchesi, Pierre Waynants o Eckart Witzigmann.

A mediados de los años 60 en Francia había nacido la Nouvelle Cuisinne: Un grupo de jóvenes chefs habían creado una cocina en la que se potenciaba el sabor del producto de temporada, se reducían los tiempos de cocción y se simplificaban las presentaciones renunciando a los postulados vigentes hasta entonces de la cocina de Carême. El objetivo de esta colección era acercar esa joven y exuberante cocina a profesionales y aficionados que esperaban como agua de mayo la publicación de cada nueva entrega.

El primer libro que se editó fue La Grande Cuisine Minceur de Michel Guérard en 1976 (que aquí se tradujo como La Cocina de la Esbeltez en la edición de Grijalbo). Donde el maestro de Eugénie -les–Bains desgranaba no solo sus recetas, sino que a la vez con estas transmitía una nueva forma de vida. Un libro lleno de recetas fáciles de leer y de cocinar, con capítulos dedicados a técnicas de cocción y especies, otro dedicado a salsas, un glosario… Algo nunca visto hasta entonces en los libros de cocina.

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El éxito de este primer libro fue tal que no tardaron en aparecer Cuisiners à Roanne de los hermanos Troisgros, Ma Cuisine du Soleil de Roger Vergé, La cuisine c’est beaucoup plus que des recettes de Alain Chapel y así hasta 27 títulos diferentes publicados a lo largo de 16 años.

Además de las recetas de grandes chefs, en 1981 Eventhia Sendérens, la mujer de Alain, publicó junto al doctor Julien Cohen-Solal el libro Recettes originales pour tout-petits que durante mucho tiempo fue la referencia básica de los libros de cocina infantil.

Laffont quería que estos libros se diferenciasen de los recetarios generalistas al uso de la época, para él estos eran libros preciosos, testigos de una cocina excepcional y que reflejaban la cocina de un gran cocinero en un momento determinado. Una obra de arte desde su cubierta, gráficos y fotos. Con textos precisos para recrear la creación artística y gastronómica del chef.

El propio Laffont decía que la grandeza de esta colección era que los chefs habían publicado sus recetas para el público en general, y no para sus compañeros: “Cuando veo, como editor, toda la energía que se necesita para hacer comprender a los chefs que simplificar y poner al alcance de todos los públicos no significa que forzosamente haya que reducir drásticamente los ingredientes y procesos de las recetas”.

El primer contacto que tuve con esta colección fue cuando encontré en una librería de segunda mano La Cocina Espontánea de Girardet. Un libro precioso que transmitía conocimiento y pasión, lleno de ideas y filosofía culinaria. Aunque las recetas pareciesen un poco trasnochadas, ahí había mucha grandeza. Cuando lo compré no sabía que aquel libro pertenecía a ninguna colección. Tiempo después encontré La Cocina Suculenta de Guérard, un libro fascinante, y me di cuenta de que aunque perteneciesen a distinta editorial española tenían una factura similar y comencé a recabar información sobre esta colección de la que apenas había nada escrito. Podría haberme puesto en contacto con la editorial, pero al final lo que aquí he puesto es el resultado de mis pesquisas por las librerías de lance de medio mundo. Para esto hay que reconocer que internet es una herramienta sin igual.

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Así que aquí tenéis tras años de recopilar información, y si mis cuentas no fallan, los 28 títulos originales de la colección por orden cronológico de aparición. Incluyendo los dos recopilatorios de Relais Gourmandes y de Les Maitres Cuisiners de France:

– La Grande Cuisine Minceur de Michel Guérard
– Cuisiniers á Roanne Jean et Pierre Troisgros
– Ma Cuisine du Soleil de Roger Vergé
– La cuisine c’est beaucoup plus que des recettes de Alain Chapel
– Ma Cuisine de Saisons de Georges Blanc
– La Cuisine de plain air de Patrice Dard
– La Cuisine de la mer de Jacques Le Divellec et Celine Vence
– La cuisine spontanee de Fredi Girardet
– La cuisine gourmande de Michel Guérard
– La Cuisine Italienne Reinventee de Gualterio Marchesi
– Couleurs Perfums et saveurs de ma cuisine de Jacques Maximin
– Les Petits plats des Troisgros de Pierre et Michael Troisgros
– La Grande Cuisine à petits prix, de Alain Senderens
– Comme Chez Soi de Pierre Wynants
– Ma cuisine pour vous de Joël Robuchon
– La Cusine en Fêtes de Marc Meneau
– La Cuisine une passion de père et fils de Michel et Jean Michel Lorain
– Recettes originales pour tout-petits de Eventhia Senderens
– Recettes pour Alexis de Jean-Pierre Billoux
– La nouvelle cuisine allemande et autrichienne de Eckart Witzigmann
– Recettes pour Sophi de Jean Bardet
– Minceur Exquise de Michel Guerard y Alain Coumont
– L’Ambroisie, place des Vosges à Paris de Bernard Pacoud et Jean-Marc Simon
– La cuisine immédiate de Pierre Gagnaire
– Vivarois La Cuisine de L’Emotion de Claude Peyrot
– Les recettes des Relais Gourmandes
– Les recettes de Terroir de Les Maitres Cuisiners de France
– Les Recettes préférées de Les Grandes dames de la Cuisine de Madeleine Peter

En España se fueron editando algunos títulos en distintas editoriales, la mayoría en Grijalbo y casi todos ellos ellos prologados por Rafel Ansón, aunque es destacable el excepcional prólogo de Nestror Luján para la edición española de Cocineros en Roanne, el primero de los libros de los hermanos Troisgros. Argos Vergara por su parte editó el libro de Girardet y Espasa Calpe el de Pierre Wynnants y el infantil de Enventhia Senderens.

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Los libros editados en España son:

En Grijalbo:

– Nueva cocina de la esbeltez de Michel Guerard
– La cocina suculenta de Michel Guerard
– Cocineros en Roanne de Jean y Pierre Troisgros

En Espasa Calpe:

– Comme Chez Soi de Pierre Wynnants
– Cocina para los más pequeños de Eventhia Senderens

En Argos Vergara:

– La Cocina espontánea de Fredi Girardet

Además de estos Grijalbo editó, asimilándolo a esta colección, El Placer de la dieta de Michel Chast y Raymond Oliver que originalmente había sido editado en Francia como Les Régimes Gurmands por la editorial Albin Michel y lo mismo hizo Argos Vergara con La Cocina de Mercado de Paul Boucusse.

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En Gran Bretaña Macmillan realizó unas ediciones bastante fieles a las originales aunque con las medidas trasladadas al sistema imperial.

Ni que decir tiene que esta colección de libros se convirtieron rápidamente en un objeto de culto y cada libro en una preciada pieza de coleccionistas. Poco a poco me he ido haciendo con una buena representación, tanto en las ediciones originales francesas como españolas, pero hacerse con la colección completa se me hace una tarea titánica, cuando no ruinosa. Algunos de los ejemplares más buscados como el de Pacoud o el de Gagnaire alcanzan precios astronómicos. Yo jamás los he visto por menos de 400€.

En 2009 Laffont volvió a reeditar casi toda la colección, pero con unas portadas horribles y sin apenas fotos e ilustraciones. Para promocionar esta nueva edición hicieron un simpático vídeo en el que Troisgros y Guérard explicaban el espíritu y la gestación de estos libros, para mi, imprescindibles.

Nopisto

El pequeño electrodoméstico diseñado para no ser usado

SaecoEstrossa

Hace ya varios años recomendamos encarecidamente una cafetera Saeco que nos dió un gran servicio. Nada menos que siete años de buen café matutino diario, que no es poco. Fácil de usar, resistente, sin mantenimiento… un gran producto que además hacía un café delicioso. Había sustituido a otra cafetera express de la marca Rowenta que había proporcionado buen servicio (aunque peor café) durante cinco años.

Por eso, cuando la Saeco se estropeó un día del pasado mes de febrero, y considerando que su carcasa plástica estaba bastante deteriorada, decidimos comprar otra cafetera de la misma marca, que resultó ser la Saeco Estrosa de la foto que ilustra el post. La más aparente y cara de las disponibles en el momento: 250€. Con la ilusión de un cocinillas con artilugio cocineril nuevo, nos hicimos el primer café y… bueno, nos gustaba más el café de la viejita. “Será que necesitamos ir cogiéndole el tranquillo”, dije yo. “Será que hay que ir haciendo poso en el porta para que vaya saliendo mejor” dijo ella. Ahí lo dejamos. En días sucesivos fuimos probando con diferentes tipos de café, de prensado, etc, y fuimos ajustando el resultado a nuestro gusto.

Al mes, dejó de funcionar el pannarello (el tubito por el que sale el agua caliente para las infusiones o, más habitualmente, el vapor para hacer la crema con la leche). Parecía haberse soltado. Así que, con nuestro ticket en la mano, nos encaminamos al servicio técnico de Saeco y dejamos la cafetera. Unos días después recibimos una llamada telefónica diciendo que la reparación no estaba cubierta por la garantía pues la rotura era debida al mal uso, lo cual nos sorprendió bastante considerando que llevábamos 12 años usando una cafetera express a diario. Por teléfono, el servicio técnico nos dió una conferencia de 40 minutos sobre la importancia de usar agua mineral Bezoya, por ser la que menos cal tiene (usamos la de Mercadona que tiene parámetros similares de cal y de residuo seco y cuesta una fracción) y la necesidad de hacer una limpieza del circuito de agua del pannarello tras cada uso pues la leche lo obstruye y revienta la conexión entre el tubito del vapor y la caldera. Cuando le dijimos que nunca en siete años habíamos hecho un mantenimiento similar a la cafetera anterior, de la misma marca. Su respuesta fue taxativa… hay que hacerle el mantenimiento y, además, la cafetera que le habíamos dejado indicaba que era necesario proceder a la descalficación usando el descalcificador Saeco que él amablemente podia vendernos.

Total, que recogimos la cafetera, pagamos los 20 euros de la reparación y los 10€ del descalcificador, y nos volvimos para casa. Hicimos el proceso de descalcificado (una horita con el líquido, luego venga a pasar agua para limpiar, etc). Y cuando intentamos quitar el mensaje de alerta (que se activa por ciclos de uso, no por un sensor de cal), no hubo manera. Hay que apretar dos botones simultáneamente al encendido de la cafetera, pero tras haberlo intentado unas 100 veces, lo dejamos por imposible. Los botones de goma de la cafetera, unidos a una placa electrónica tan lenta como la cola del peaje del retorno a Madrid por la A6 el último día de puente a las 19:00, lo hacen imposible.

Un mes después, a pesar de la descalcificación realizada y de la limpieza diaria del pannarello… volvió a sufrir la misma avería… rotura del tubo del vapor. Nos dirigimos, como última opción, al establecimiento donde la habíamos comprado (El Corte Inglés) pero a pesar de que hicieron todo lo posible contactando al servicio técnico y a la marca… no hubo nada que hacer.

Como la cafetera hace un café decente si uno se abstrae del vaporizador y del mensaje de alerta del descalcificado, decidimos seguir usándola y adquirir un emulsionador de leche “Digrato Lattelino” (a la izquierda de la cafetera en la foto que ilustra el post) que, al módico precio de 50 euros, es un vaso de acero con una resistencia integrada que calienta la leche y una varilla que la convierte en una crema bien espesa en apenas un par de minutos.

Pero, ¡ay!, nuestro gozo en un pozo. Dos semanas después de desayunar un café matutino comme il faut, el lattelino dejó de funcionar. Provistos del ticket de compra, lo llevamos al establecimiento donde lo habíamos comprado (de nuevo El Corte Inglés), donde nos entregan otro no sin antes mencionarnos que hay que ser muy cuidadoso con la limpieza del mismo dado que si el agua toca la conexión entre la base y el vaso, deja de funcionar irremediablemente. Cuando le decimos que, tal y como consta en el librito de instrucciones, no habíamos lavado el latellino en el lavavajillas y que nos limitábamos a aclararlo bajo el grifo, nos dijo que ahí estaba el problema, que era mejor limpiarlo sólo con un papel de cocina o incluso no limpiarlo. No dimos crédito y, agradeciendo el cambio, nos volvimos para casa.

Llegados a este punto, 300 euros gastados en una solución para hacer un café diario, ni el plan A ni el plan B funcionan correctamente. Ya me dirán ustedes. Entiendo que Saeco y Digrato son marcas europeas (Saeco pertenece a Phillips, Digrato es una marca comercializada en exclusiva por El Corte Inglés). En ambos casos, se trata de dos pequeños electrodomésticos con un diseño defectuoso que deviene en su inutilización. No creo que se trate de un problema de fabricación (que será china en ambos casos).

Lo más educado que se me ocurre decir es que si quisiera un pequeño electrodoméstico que no funcionase, lo habría comprado chino y me habría ahorrado 250€ porque al menos los chinos suelen (o solían) vender productos que no funcionaban pero que eran de precio bajo. Con estos productos -y, repito, son 250€ por una cafetera y 50€ por un vaso con una resistencia y una varilla- no sólo te quedas igual de frustrado sino que, además, cuestan un pastón.

A pesar de que mi mujer dice que este post debería titularse “Una puta mierda de cafetera que ni se les ocurra comprar”, creo que es mucho más interesante la reflexión de que el mercado está inundado de pequeños electrodomésticos que están diseñados para ser comprados, no para ser usados. Y que tire la piedra el cocinillas que no haya comprado algún pequeño utensilio de cocina que no ha sido usado más de tres veces. Hace ya unos años, una agencia de comunicación, buscando difusión para un nuevo pequeño electrodoméstico que llegaba al mercado, nos envió un laminador de verduras Moulinex Fresh Express que era monísimo, tenía varios accesorios de corte pero… no servía para nada porque si la verdura tenía un tamaño normal sencillamente atascaba el aparato. ¿Una patata redonda? No entra. ¿Un calabacín de tamaño mediano? no entra.

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La conclusión es que a la obsolescencia programada se le une ahora la última tendencia: lo que importa es que los pequeños electrodomésticos se vendan, no que funcionen y, para ello, lo mejor es que no se usen. A quién se le ocurre.

Si lanzasen la Thermomix en 2015… fracasaría. Demasiado cara, dirían. Total, para no usarla…

pisto